Aunque ni de lejos tan glamuroso como, por ejemplo, es de los casinos de Las Vegas, el circuito de las fiestas de colegios religiosos permitía ganarse la vida a un puñado de artistas de todo tipo y condición: magos que convierten el agua en papelitos de colores, canta-autores con vena evangélica, mimos de esos que sacan a los profesores para ridiculizarlos...
José Luis Trestuestes pensaba que ya lo había visto todo, pero, como la mayoría de la gente que tiene tal creencia, se equivocaba.
"Sor-Safón" era una monja -con hábito y todo- que ofrecía 60 minutos de clásicos de ayer, hoy y siempre interpretados al saxofón. Resultaba de los más económica, y las arcas del colegio no daban para más.
-¿Tú crees que es monja de verdad, macho?-dijo Manzano, siempre dispuesto a comentar la jugada.
-Me han dicho que sí.
-¡Joder, pues no toca mal!
-Para mí es un pelín exagerada en los gestos.
-¡Hombre, es que debe costar sacarle sonidos al cacharro, y más una señora de su edad!
-¿Cuántos le echas?
-Ya sabes que es imposible calcular con cierta precisión la edad de una monja, y más con el hábito, pero me parece que los 50 ya no los cumple.
-¿Tú crees que aceptará peticiones?
-No sé yo...Por 60 euros que le han dado.
-¿Sólo?
-¡Ya ves!
-¡Joder!
-Hombre, tampoco tiene muchos gastos.
-Ya...Bueno, es igual, yo al final le voy a preguntar si se sabe "Extraños en la Noche".
-Siempre sospeché que eras un romántico, Trestuestes.

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