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domingo, 25 de septiembre de 2011

Gracia del Río (Un Pueblo con Poco de Ambas): La Traición de un Amigo.

Cuando a Peralín le hace falta hablar con un padre, habla con dos. Peralín es tan listo que sabe que los padres son sabios, y él intuye que estos dos lo son de modo especial, cada uno a su manera, y que la verdad, la Verdad, la va a encontrar a mitad de camino.

-Papá, ¿a ti alguna vez te ha traicionado un amigo?

-¡Muchas veces!, sin ir más lejos, el puñetero coche me dejó el otro día tirado. ¡Con lo que yo le quiero!

-Hablo en serio, papá.

-Ya...Pues, sí, supongo que sí. Pero prefiero no acordarme.

-¿Y qué se hace?

-Estar hecho polvo, meditar si quieres que siga siendo tu amigo, intentar aclarar las cosas, decidir si le perdonas...Pero, hijo, lo que sí es cierto es que, después de la traición, la amistad es un figurita pegada con cola, nunca volverá a ser lo mismo: hay miedo a que te la juegue otra vez, siempre queda un poquito de rencor por ahí. Nada es como antes, por mucho que se quiera...

-Entonces, ¿he perdido a un amigo para siempre?

-Quizás nunca lo tuviste, quizás no eráis más que compañeros de fútbol y risas...Pero dale tiempo, ¿ vale? Tu corazón es joven, con lo que las cosas cicatrizan mucho mejor

*         *         *

-Padre. ¿a usted alguna vez le ha traicionado un amigo?

-Sí, he traicionado y me han traicionado. ¡Somos todos humanos!

-¿Usted un traidor?

-Claro, es inevitable. Es la condición humana. ¡Seguro que tú alguna vez lo has hecho!

-¿Yo, traicionar a un amigo? ¡Jamás!

-¿Les has preguntado? Puede que ellos se hayan sentido traicionados por ti, y no lo sepas...

-¡Me lo habrían dicho!

-O quizás no. Pero volvamos al asunto que nos ocupa. Supongo que te la han jugado y quieres mi opinión sobre el tema.

-Sí.

-Pues que mi consejo es que le perdones. Mira Jesús, hasta el propio Pedro le dejó vendido y no por ello dejo de amarlo.

-¡Pero es que era Jesús!

-Ya lo sé. Pero yo te pido que, al menos, trates de hacerlo. Si, después de intentarlo, no puedes perdonarle con sinceridad, al menos no le odies, que el rencor te pudrirá el corazón y el alma. Pasa de él y ya está: claramente, no era un amigo.

-¿Usted siempre consigue perdonar a todo los traidores?

-Tú mismo lo has dicho: ninguno somos Jesús...¡Pero vamos a tratar de acercarnos lo más posible!

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