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sábado, 10 de septiembre de 2011

El Crucero de Tomás (2).

-¡Tomás, Tomás Tomás...!

-¿Qué?

-¡Que han llamado! ¡Igual es el crucero!

-¿Qué crucero!

-¡Toma, es para ti, los de las galletas!

Hacia tiempo que Tomás no hablaba por teléfono.

 -¿Diga?...Sí, soy yo...¿Un crucero? ¿A mí? ¿Está usted seguro?

 -¡Lo ves, te lo dije, te lo dije!

-Oiga, ¿y me lo puede usted cambiar por el dinero? ¡No hace falta que me lo dé todo! Así gana usted y gano yo...¡Aunque sea la mitad! ¿No? ¡Pero si se les conviene, se lo ahorran! Ya, que no puede ser...Ya. Pues entonces no me interesa...

-¿Qué dices, "taraó"? ¡Dame!

-¿Oiga? Sí que le interesa. Mañana mismo se pasa por sus oficinas para recoger el vale. Déme las señas.

-¿Estás loco? ¿Qué coño hago yo en un crucero?

-¡Pues disfrutar por una vez en tu vida, tontaina!

-¿Y luego qué? ¡De vuelta a la mierda!

-¡Pero que te quiten de lo "baliaó"!

-Pero si no conozco a nadie allí, no tengo ropa adecuada, ni sabré cómo comportarme...

-¡Que vas a ir, joder!

-¿Y con quién? Resulta que me han dicho que es para dos personas.

-¡Con quien tú quieras, hombre!

-Con quien yo pueda, dirás.

-¡Pues conmigo mismo, por ejemplo!

-¿Me harías ese favor?

-¡Pues claro! Me pido la semana y ya está. Vas a ver, lo vamos a pasar en grande.

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