-¡Tomás, Tomás Tomás...!
-¿Qué?
-¡Que han llamado! ¡Igual es el crucero!
-¿Qué crucero!
-¡Toma, es para ti, los de las galletas!
Hacia tiempo que Tomás no hablaba por teléfono.
-¿Diga?...Sí, soy yo...¿Un crucero? ¿A mí? ¿Está usted seguro?
-¡Lo ves, te lo dije, te lo dije!
-Oiga, ¿y me lo puede usted cambiar por el dinero? ¡No hace falta que me lo dé todo! Así gana usted y gano yo...¡Aunque sea la mitad! ¿No? ¡Pero si se les conviene, se lo ahorran! Ya, que no puede ser...Ya. Pues entonces no me interesa...
-¿Qué dices, "taraó"? ¡Dame!
-¿Oiga? Sí que le interesa. Mañana mismo se pasa por sus oficinas para recoger el vale. Déme las señas.
-¿Estás loco? ¿Qué coño hago yo en un crucero?
-¡Pues disfrutar por una vez en tu vida, tontaina!
-¿Y luego qué? ¡De vuelta a la mierda!
-¡Pero que te quiten de lo "baliaó"!
-Pero si no conozco a nadie allí, no tengo ropa adecuada, ni sabré cómo comportarme...
-¡Que vas a ir, joder!
-¿Y con quién? Resulta que me han dicho que es para dos personas.
-¡Con quien tú quieras, hombre!
-Con quien yo pueda, dirás.
-¡Pues conmigo mismo, por ejemplo!
-¿Me harías ese favor?
-¡Pues claro! Me pido la semana y ya está. Vas a ver, lo vamos a pasar en grande.
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