¿Quiere que le resuma una vida en cuatro renglones?
"Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y
postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron
presentes: oro, incienso y mirra". (Mateo 2, 11).
"Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó".(Marcos 15, 23)
Si uno cree que nada es casualidad en los Evangelios, esto no puede ser casual.
Efectivamente, la mirra acompañó a Jesús de Nazaret en la cuna y en la cruz, en el nacimiento y en la muerte. De un modo discreto, pero acaso muy significativo.
Por tanto, quizás todos aquellos que siguen a Jesús de Nazaret, por lo oficial o por lo personal, deberían echarle un vistazo a esta gomorresina.
Todo empieza obteniendo una resina al practicar incisiones en un árbol plagado de espinas -de nombre Commiphora myrrha- que es originario del Noreste de África, y la Península Arábiga. Crece sobre suelos calizos poco fértiles, y en climas con escasas precipitaciones. Vamos, lo que viene siendo una planta tozuda y luchadora.
De esa resina se obtiene la mirra, que ha sido muy apreciada desde tiempos remotos por sus agradable olor y sus propiedades medicinales y narcóticas. Fue sin duda por lo primera que los Reyes Magos se la regalaron al Niño, fue por lo segundo (para aliviar su tormento) que los soldados romanos se la ofrecieron al Hombre.
Le invito, pues, a reflexionar, amigo. Sobre una planta que pelea por salir adelante en el desierto, y que para ello no duda en cubrirse de afiladas espinas, pero que nos regala generosa su sangre en forma de aromática sustancia.
A mí, ¡ya ve usted qué cosas!, me parece que el árbol en cuestión tiene un par o tres de cosas dignas de admiración, e, incluso, de ser imitadas.

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