Hay regalos de compromiso, esos por cumplir cuando cumples años, esos que haces porque a ti te hicieron...Esos saben a poco, a sonrisa forzada, a disimulo mal disimulado...
Hay regalos que no aciertan, aunque sabes que están hechos con la mejor intención y toda la ilusión. Esos te hacen sentir culpable, y simular que te gustan, aunque sabes que no engañas a nadie. Y son amargos, porque te demuestran que -quizás- no te conocen bien, que los que tú crees tus amigos igual no lo son tanto.
Pero dejemos esos presentes pasados en el trastero del olvido y vamos a recordar los regalos que te dan la campanada en el alma, que tienden un puente entre dos personas y te hacen sentir feliz y especial. Regalos que valen un tesoro, aunque hayan costado poco dinero.
¡Esos sí que son regalos!

Algunos padres deberían dejarse de consolas de consolación, y hacerle un regalo de verdad a sus hijos...
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