No obstante, como él mismo decía, "cumplir los sueños a veces no está en tu mano, pero sí lo está no dejar de tenerlos".
En fin, que como no pudo tener un Boeing o un Douglas, se puso a los mandos de un Pegaso. Al fin y al cabo, todos se dedicaban a llevar gente de un sitio a otro.
-Damas y caballeros, bienvenidos al vuelo de Pedrón Airlines con destino a la puerta del colegio, la duración aproximada del vuelo será de 35 minutos. Pongan los asientos en posición vertical y abróchense los cinturones de seguridad.
No soltaba el simpático discurso en todas las paradas, sólo en aquellas en que subían tres o más alumnos.
Los chavales, en su mayoría, charlaban entre ellos o dormitaban sin hacer caso al conductor. Tan sólo los más educados, o los más chiquitines, celebraban la ocurrencia.
El "Avestruz", el pájaro que jamás volará, así apodaban los chicos al bueno de Tomás Pedrón.
Pero a él le daba igual, en especial en ese momento en que -en voz bajita- estaba pidiendo pista a una torre imaginaria para aterrizar frente a la tapia del patio de los mayores.
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