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jueves, 24 de septiembre de 2009

"Corte y Confució" (Santos de Diversa Devoción).

En contra de la creencia popular, ni todos los chinos jóvenes son consumados ases de las artes marciales ni todos los consumidos viejos chinos son manantiales de ancestral sabiduría. No obstante, hay que reconocer que dan el pego de maravilla. Vamos, que a ver quién le planta cara al dependiente de los ultramarinos de la esquina o quién no se pasa toda la tarde dándole vueltas a la críptica frase del ancianito del bazar al darte las vueltas.

Dicho lo cual, ¿qué tendrá la sabiduría oriental que nos sabe más sabrosa que la más cercana? ¡Que nosotros también tenemos hombres y mujeres de esos que pensaban con el corazón y sentían con cabeza bastante apañaditos!

Que no digo yo que Confucio no dijera verdades como puños y puñetazos (en eso no hay "confución", ja, ja ¡qué malo y qué inevitable!), pero también lo hicieron algunos santos del santoral, y a esos parece que no se les quiere para nada (o, como mucho, para felicitar al vecino por su día).

¿Hay, pues, que ponerse a leer vidas de santos?

No, son más interesantes sus palabras y, especialmente, sus obras. Deles una oportunidad.

(Pero seleccione un poquito, amigo, que en esto de los santos es como con los políticos, que los hay "de raza" y los hay "de carrera").

El chileno San Alberto Hurtado (1901-52) dijo estas cositas, entre otras:

-"Está muy bien no hacer el mal, pero está muy mal no hacer el bien"
-"Los únicos que podemos cambiar el mundo somos nosotros"
-"La caridad comienza donde termina la justicia"
-"La actividad apostólica llega a ser dañina cuando rompe el vínculo con Dios"

Bien dicho.

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