Como los cerditos del cuento, llegó un lobo feroz y se puso a soplar, y los sueños residenciales se vinieron abajo con inmisericorde facilidad.
Pero, a diferencia del cuento, aquí ni el ladrillo fue capaz de resistir las arremetidas del dichoso lobito. De hecho, resultó ser el más débil de todas.
Así que el lobo feroz se puso las botas a costa de zamparse a los inocentes cerditos.
Quizás de ahí nos viene la crisis, de que la cantinela aquella de "veis, os dije que pasaría, si ese lobo aparecía, sólo el ladrillo resistiría" se quedó traumáticamente impresa en el subconsciente de toda la humanidad.
Walt Disney, ¿por qué nos haces estas cosas?
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