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domingo, 7 de junio de 2009

Cuentos de Hadas que Terminan Regular: La Boda (Antes de las Perdices)

"¡Mierda!", dijo el Príncipe Azul. Se había cortado. A los lectores, no hace faltan que les explique más; a las lectoras, aclararles que el tajo en sí no duele, lo doloroso es el aparatoso e inevitable lío en el que sabes que te acabas de meter de la manera más tonta.

Mientras se ponía el reglamentario trocitín de papel higiénico, el Príncipe Azul lamentó haber participado en aquella absurda despedida de soltero. Había sido divertido, mucho, sin duda, había cantado hasta Mudito, pero ahora le dolía la cabeza a morir. No había sido buena idea, no. Quizás tampoco aquel rollo de la boda lo era...Pero para de darle vueltas a la cabeza, que ya te duele bastante. Deja de pensar, que te casas dentro de una hora y aún te tienes que poner el traje de gala.

Además, que ella es perfecta. Tan bella, tan dulce y tan Disney. Y él se había enfrentando a mil peligros por su amor. Sin duda, era la gran oportunidad de su vida, de esas que sólo se presentan una vez, y no a todo el mundo. No le des más vueltas, macho.

"Mierda bis", ya se había manchado la dichosa guerrera blanca de cafe solo. Se lo había dicho su padre, "primero desayunas y luego te vistes". Pero él, nada, cabezón. Tenía que haberse puesto el uniforme oscuro, aunque no quede tan bonito. En fin, era un poquito humillante, pero habría que llamar a la pesada del Hada Madrina, que era la única capaz de sacar ese tipo de manchas sin dejar cercos.

"Más mierda", ¿dónde está ésta? Vale que llegue tarde, pero es que ya es una hora. Bueno, por lo menos la guerrera ha quedado como nueva, que el Hada Madrina es una cotorra insufrible, pero para estas cosas tienes una mano...Anda, mi tío el Conde de Wassdolff. ¿Dónde está su mujer?...No, espera, que estos se divorciaron hace un año. Sí, cada vez más matrimonios se rompen. Espero que no nos pase a nosotros...¡No, que yo la amo! Sí, pero dicen que la convivencia es dura...Y nosotros tampoco hemos estado tanto de novios...¡Qué caramba, apenas lo que dura un cuento!...¿No me estaré precipitando? En fin, ahí llega. No hay escapatoria...Al menos, las perdices del banquete de bodas seguro que están exquisitas.

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