Esta millonaria tradición sigue viva, y gozando de una salud de diamante, en las calles y las barras de los barrios y los pueblos de toda España.
Espías aficionados con maneras de James Bond, que controlan quién entra y quién sale, con quién, a qué hora, en qué estado...Usted seguramente no los ve, pero ahí están, registrando, analizando, sacando jugosas conclusiones...
"Mata-harises" con bigote y pajarita, atentos como si nada a la conversación de esos dos caballeros que están con la lengua más suelta de lo prudente por exceso de suero de la verdad con hielo.
Orejas inquietas en el supermercado, sacando más jugo a lo que se dice en la cola de la caja que a las naranjas de zumo en oferta que llevan en la bolsa.
Aquí queda, pues, mi consejo para hoy: tenga cuidado con lo que dice, nunca se sabe a quién tiene usted, espalda con espalda, en ese restaurante.

"Calladito, que ella no es tan tontita", reza el cartel. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Gobierno Británico lo editó como parte de la campaña "Careless talk costs lives" ("La conversación descuidad cuesta vidas") para intentar evitar que los militares de permiso o la ciudadanía en general hablará en público sobre el destino o actividades de las tropas en el frente, puesto que se suponía que el país estaba plagado de espías nazis. ¿Paranoia aguda o fundada necesidad?
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