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miércoles, 8 de abril de 2009

El Latón también Brilla de Cuando en Vez (La Gloria de los Currantes del Deporte).

El deporte tiene esas cosas. Seguro que ni Raúl se acuerda de todos los goles que ha metido, ni Michael Jordan de todas las canastas que encestó. En cambio, los modestos del deporte -entre los que sin duda incluido estoy- atesoramos en la memoria todos y cada uno de nuestros pequeños logros. Tampoco es tan complicado, dado que son bien poquitos.

Pero, como el deporte es tan bonito, a veces pasa que ese momento extraño y efímero de gloria personal resulta ser también un instante clave para todo un club.

Me viene a la memoria (bueno, seamos sinceros, lo tengo pensado desde esta mañana) el caso de un tal M.L. Carr. Jugador profesional de baloncesto y del montón. Uno de tantos ni muy buenos ni tan malos, pero que, no obstante, hizo historia de la NBA en cuatro segundos mágicos.

Imagine: 1984. Forum de Los Ángeles. Cuarto partido de la final de la NBA entre Los Boston Celtics y los Lakers de Los Ángeles. Los Lakers dominan la eliminatoria -al mejor de siete partidos- por 2 a 1. 10 segundos para el final de la prórroga y los Boston Celtics ganan por 3 puntos. Balón de banda para los Lakers. James Worthy intenta un pase sobre "Magic" Johnson, pero la rápida mano de Carr se interpone y captura el balón. Salida frenética en contraataque y mate (de ración, eso sí), que rubrica la victoria de los Celtics. Empate a 2, en una final que los de Boston acabarían ganando por 4-3.

Un título para los míticos Larry Bird, Kevin McHale o Robert Parish. Pero también para M.L. Carr...

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