Pero, como el deporte es tan bonito, a veces pasa que ese momento extraño y efímero de gloria personal resulta ser también un instante clave para todo un club.
Me viene a la memoria (bueno, seamos sinceros, lo tengo pensado desde esta mañana) el caso de un tal M.L. Carr. Jugador profesional de baloncesto y del montón. Uno de tantos ni muy buenos ni tan malos, pero que, no obstante, hizo historia de la NBA en cuatro segundos mágicos.
Imagine: 1984. Forum de Los Ángeles. Cuarto partido de la final de la NBA entre Los Boston Celtics y los Lakers de Los Ángeles. Los Lakers dominan la eliminatoria -al mejor de siete partidos- por 2 a 1. 10 segundos para el final de la prórroga y los Boston Celtics ganan por 3 puntos. Balón de banda para los Lakers. James Worthy intenta un pase sobre "Magic" Johnson, pero la rápida mano de Carr se interpone y captura el balón. Salida frenética en contraataque y mate (de ración, eso sí), que rubrica la victoria de los Celtics. Empate a 2, en una final que los de Boston acabarían ganando por 4-3.
Un título para los míticos Larry Bird, Kevin McHale o Robert Parish. Pero también para M.L. Carr...
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