-Señor, hay un tipo esperando fuera que dice que quiere cambiar el mundo.
-¡Qué manía les ha entrado con eso! Si está perfectamente como es.
-¿Le digo que pase?
-No, ya estoy harto de perder el tiempo con esa gentuza. Haga lo de siempre: dígale que sí a todo y firme los de documentos de costumbre -esos que prepararon mis abogados y están plagados de solemnes y rimbombantes promesas, pero cuya letra pequeña me exime del más mínimo compromiso-.
-Señor, llegará el día en que este truco dejará de valer.
-¿Usted cree? ¡No subestime el poder de mi equipo de propaganda!
-Gabinete de comunicación, señor.
-Eso quise decir.
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