-Ministerio de Educación, buenos días, le atiende Amalia Pruño, extensión 121, ¿en qué puedo ayudarle?
-Buenas, mire, le llamo aquí de la calle Navatina, enfrente del instituto...Es que hay un chico subido a la azotea que dice que se va a tirar...
-¿Y qué quiere usted que yo le haga? ¡Llame a la policía, que los pre-suicidas son cosa suya!
-Ah, perdón, que no me he presentado: soy el inspector Riachuelo, del Equipo de Negociadores Policiales. Resulta que el chico se quiere tirar porque dice que ha sacado mala nota en las Pruebas Nacionales de Aptitud, y que no quiere vivir.
-¿Y qué quiere que yo le haga? ¡Que hubiera estudiado!
-No, si lo que busco es que alguien de ustedes hable con él y le explique que sacar una mala nota en esas pruebas no es el fin del mundo.
-¿Cómo dice?
-Que le hagan ver a este muchacho que una persona es mucho más que un estudiante, y que un estudiante es mucho más que una nota en un cochino examen.
-¡Un respeto, Riachuelo! ¿Sabe usted para qué se creó ese "cochino examen"? ¡Para elevar nuestras calificaciones y subir en el ranking educativo internacional! ¡Y vaya si lo hemos logrado! Por supuesto que hemos tenido que apretarle un poco las clavijas a los estudiantes, pero no había otra manera para mejorar los resultados.
-¿A querer suicidarse le llama usted "apretar un poco las clavijas"?
-Mire, si el muchacho ese se tira, no será ni el primero y ni el último. Y, ¿qué quiere usted que le diga? Que se tire, total, lo único que hacen los tíos como él es bajarnos la nota media.
-¡No puedo creer lo que estoy oyendo! ¿Trabaja usted en Educación y le importa un bledo la vida de un muchacho!
-Exacto, aquí nuestro negociado son los estudiantes, los muchachos son competencia de Asuntos Sociales.
-Señora mía, ¡váyase usted a la mierda!
-Un poco de educación, caballero.
-Lo mismo le digo.
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