-¡Qué pronto se acaba lo bueno, macho!
-Ya, así es la vida, Tomás.
-¡Voy a echar de menos tantas cosas! La piscina!, la carne esa inglesa, ¿cómo se llama?
-"Rosbís".
-¡Esa! !Creo que podría estar comiendo "rosbí" un año entero y no me cansaría!
-Bah, no piensen en eso ahora. Disfruta el momento, macho.
-Sí, exprimiendo cada segundo.
-¡Eso es!
-Pero lo que voy a echar más de menos es el mar, el mar de noche.
-Ya te dicho que no lo pienses.
-Oye, he estado pensando. ¿Tú crees que si yo se lo pido al capitán, me podrían coger a mí aquí de algo?
-¿De qué, Tomás?
-Pues de cualquier cosa, trabajando lo que haga falta, sin cobrar nada. Durmiendo donde sea, en el suelo de una cubierta y comiendo las sobras.
-Las sobras del "rosbís".
-Sí, eso.
-¿Y de verdad crees que eso te haría feliz?
-Tendría el mar, el mar para mí para siempre.
-¿Y no crees que te acabarías cansando del mar, del "rosbís"...de todo esto?
-No sé.
-Esto ha sido un sueño, un sueño precioso para ti y para mí, porque ha sido único, especial y escaso. Lo otro sería rutina, y tú mismo me dijiste que la rutina termina cansando.
-Igual tienes razón...Pero yo lo voy a preguntar de todos modos.
-¿Estás seguro?
-¡El capitán es un señor tan amable!
-Pero se puede decir que "no" con la máxima amabilidad.
-Quizás tengas razón.
-Venga, vamos a cubierta, que estamos perdiendo tiempo de luna y mar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario