-¡Cómo me aprieta la dichosa corbata!
Una vez más, la falta de costumbre le estaba jugando una mala pasada a Tomas.
-No nos queda más remedio, macho. ¡Es la cena de gala del capitán!
-¡Ya, ya!
-¡Venga, que estás muy guapete, Tomás! Con un poco de suerte, hasta ligas. ¿Cuánto tiempo hace que no..?
La sonrisa forzada de Tomás le indicó a Marcos que era mejor no seguir por ahí.
-Bueno, Marcos, ¿cuál es nuestra mesa?
-La 12.
-¡Ahí está!
-Mira, Tomás, por ahí viene el capitán en persona.
-¡Joder!
-¡Buenas noches, señores, bienvenidos a mi cena, espero que disfruten de la velada!
-Se hará lo que se pueda, mi capitán.
-¡Ja, ja, ja, luego les veo!
-No hace falta que le llames "mi capitán", macho, que esto no es la mili.
-¡Mierda, ya he metido la pata!
-No, recuerda que tú aquí eres un cliente, y los clientes nunca meten la pata. Seguro que se ha pensado que estabas de broma.
-Ya...¡Qué majo el tío!
-Sí.
-¡Y de debe de valer mucho, cuando manda él sobre todo este barco tan enorme!
-Fijo.
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