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jueves, 12 de mayo de 2011

Los Pinchazos de "El Punzón".

"Es un genio, imprevisible y arbitrario, pero genio y al fin y al cabo, y nos encanta consentirle todos y cada uno de sus caprichitos de niño malcriado, porque es el ojito derecho de los que amamos el fútbol".

"El Punzón" Velosso sonrió. Le gustaba ojear la prensa y leer lo que de él se decía. Era una forma como cualquier otra de matar el tiempo de espera en la sala VIP del aeropuerto.

El día anterior, en el minuto 34 del segundo tiempo, sin previo aviso o permiso del entrenador, se había retirado a los vestuarios. Simplemente, no le apetecía jugar más. Su técnico se limitó a sacar a otro futbolista y hacer como si nada. Luego, después del partido, le felicitó por los dos goles -golazos- conseguidos y no le pidió explicaciones. Tampoco los incisivos muchachos de la prensa. Se limitaron a darle la enhorabuena por el partidazo.

Durante los cuatro choques siguientes, "El Punzón" se dedicó a corretear por el campo, sin el más mínimo interés por jugar. No tenía cuerpo. Él era así. La mala racha la remató pasándose tres días sin aparecer por los entrenamientos del equipo, pese a que el partido más importante del campeonato se avecinaba.

"Si el entrenador de este equipo tiene la más mínima personalidad y sentido de la dignidad, 'El Punzón' debería ver la final desde el banquillo"

"El Punzón" levantó la vista del periódico y sonrió mirando a su entrenador. El "míster" no era de los que juegan a hacerse los héroes, pues sabía bien que los campos de batalla siempre quedan llenos de cadáveres muy valientes y muy dignos.

"¿Hasta cuando vamos a tolerar las tonterías de este niñato gilipollas?", continuaba el artículo.

"El Punzón" cerró el periódico. Seguía sonriendo.

"De momento, un par de mesecitos más, después de que meta tres goles en la final", se dijo.

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