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viernes, 13 de mayo de 2011

Historias de un Colegio Imaginario que Jamás Existió: Lección de Matemáticas.

Cristobal Buarset iba a aprobar las Matemáticas a los puntos, no por KO.

Don Román lo sabía y lo aceptó con resignación, no era el primero ni el último que iba para abogado, y que se podía permitir el lujo de desterrar a los números de su vida para siempre.

No obstante, Buarset siempre fue muy educado, y le pareció del todo improcedente no despedirse de su profesor, (y, de paso, darle las gracias, que ya le digo que Buarset era de modales exquisitos).

-Bueno, don Román, que ya no me tendrá usted que aguantar más.

El docente asintió con cierta pesadumbre: Habían sido tres años a golpe de doses y treses.

-Suerte, Buarset.

Don Román, siempre decía lo mismo. Los profesores de Ciencias no tiene por costumbre ni necesidad ser originales en la expresión oral.

Mas en ese segundo, un dato aplastante tomó al asalto el privilegiado intelecto de aquel hombre. ¡Tres años de clase, casi 500 lecciones de una hora y ese chaval no iba a sacar nada en claro!

La sensación de inutilidad que se apoderó de don Román fue tan rotunda e incómoda, que sintió la necesidad vital de que aquel muchacho se llevara alguna lección inolvidable, que aprendiera algo, aunque tan sólo fuera una cosa. Es la única manera de calmar el profundo dolor en las tripas del alma que les produce a los profesores constatar que no han sido capaces de enseñar nada de nada.

-Por cierto, Buarset, recuerde que los bancos nunca le van a regalar nada. Puede que estén dispuestos a ganar más o menos, pero nunca le van a dar nada gratis.

Veinte años después, mientras firmaba un montón de papeles en una céntrica sucursal de un banco de la periferia del país, don Cristobal Buarset no pudo evitar acordarse de aquel antiguo profesor de Matemáticas, y una sonrisa de nostalgia de tantas cosas pasadas se le asomó a la cara.

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