No hacía falta ser un lince para darse cuenta de que a aquel tipo las cosas no le iban demasiado bien. A decir verdad, y dejándonos de eufemismos, la vida le iba de culo.
Un alma caritativa de esas con mejores intenciones que prácticas, se ofreció a socorrerle. Era de esos que, ante un pobre infeliz, recurren a la bronca "para que reaccione". Funciona a veces, a veces no.
-¿Pero tú tienes formación?
-¿Formación?
-Sí, hombre, títulos.
-No, eso se lo dejo a los nobles y a las novelas.
-¿Pero tú qué eres?
-Una persona.
-No, de profesión.
-Humana.
-¡Deja de tomarle el pelo¡ ¿Tú qué tal estudiante eras?
-Muy malo, nunca me enteraba de nada.
-¡Ves y por eso ahora te ves así!
-Sí, tienes razón...
...me intentaron explicar el odio a base de bofetadas y burlas, y no lo entendí.
...me intentaron explicar la codicia usando escaparates y anuncios, y no la entendí.
...me intentaron explicar el rencor con guerras pasadas y presentes, y no lo entendí.
...me intentaron explicar la envidia con deseos saciados que no eran los míos, y no la entendí
...me intentaron explicar el egoísmo con la excusa de que espabilara y no fuera más un tonto, y no lo entendí.
...me intentaron explicar la crueldad, pero como no había comprendido lo del odio, la envidia o el rencor, tampoco la entendí.
...me intentaron explicar la indiferencia ante el dolor ajeno, y ya se puede usted figurar por qué jamás la entendí
Como ve, fui un estudiante de mierda que jamás se enteró de nada, aunque, en realidad, los que no entedían, entienden o entenderán sois vosotros.
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