viernes 28 de mayo de 2010

Historias de un Colegio Imaginario que Jamás Existió: La Señorita Patro.

La Señorita Patro, otra de las señoritas que dejó hace mucho tiempo de serlo, se mueve por los pasillos como un juguete al que están a punto de agotársele las pilas.

Tiene el rostro raro, como falto de sal, y una mueca perpetua de cansancio y resignación algo irritada.

Como los perros se acaban pareciendo a sus amos -y viceversa-, los niños de la Señorita Patro también son cansinos. Si uno se asoma a la clase, los verá a todos como anestesiados, haciendo ficha tras ficha con el moflete apoyado en el pupitre y una lentitud inmensa. Mientras, la Señorita Patro deja pasar el tiempo sentada frente a su mesa, con los brazos cruzados y la mirada perdida y cotilla en el infinito de la calle de al lado. Y suspirando, como los latidos del corazón de su propio hastío.

La Señorita Patro lo que quiere es jubilarse de una vez, y, por si sus andares, ojos y resoplidos no lo dejaran bien claro, ella se dedica a repetirlo a diestro y siniestro.

"¡Yo ya he trabajado bastante!", chilla con susurros bajitos, bajitos, mientras se toma un café a sorbos y pastas.

José Luis Trestuestes hace como que le hace caso y se ríe para sus catacumbas.

"¡Qué pastas tan ricas! ¿Quién las ha traído?", dice la Señorita Patro mientras se zampa la enésima bañadita en café. "No debería, pero están tan ricas..."