-Miren, señores, a mí me parece muy sospechoso su precipitado divorcio justo antes de que expirara el plazo de formalización de matrículas, casi tanto como su tierna reconciliación de comienzo de curso.
-Es que...Nos precipitamos...Tuvimos una bronca de pareja y la cosa se nos fue de las manos...Pero al poco tiempo descubrimos que no podíamos vivir el uno sin el otro.
-Ya veo, señor mío, y supongo que nada tuvo que ver el hecho de que su niña pudiera conseguir plaza en un centro concertado gracias al punto obtenido por ser hija de padres divorciados.
-Nosotros echamos la solicitud y admitieron a la nena, no sabíamos que dieran preferencia por eso.
-Por supuesto. Pues miren, señores, como su hija vuelve a estar bajo la tutela de un feliz matrimonio, pierde un punto y, con él, la plaza en el centro actúal. El expediente será revisado y se les comunicará oportunamente cuál es el nuevo destino escolar de la menor.
-Mira, Juan, creo que lo mejor es que le contemos la verdad a esta señora, aunque nos dé vergüenza.
La inspectora sonrío satisfecha y perversa.
-Ese gesto le honra, señora, aunque no les va a valer de nada.
-Me da igual. Mire, lo que pasa es que mi marido era un desastre en la cama y una pareja sin sexo en condiciones termina por irse a pique, como usted ya sabrá -Ana, gran psicóloga como cualquier gran mujer, se había dado perfecta cuenta de que la inspectora no lo sabía ni remotamente- Pero, por fortuna, se apuntó a un cursillo que le recomendaron y ahora, vamos, ni se lo imagina -Ana sabía de sobra que la inspectora ya lo estaba imaginando- Juan, cariño, hazle a esta señora lo que me hiciste a mí anoche.
-Pero, amor...
-¡No seas tímido, tigre, que una gloria nacional como tú hay que compartirla!
-¡Señora, qué dice usted!
-¡Tú relájate, hija, que te digo yo que no te vas a arrepentir!
***
De camino a casa, Ana jugueteaba con la chequera para libros que la inspectora les acababa de conceder inesperadamente, justo después de firmar el documento que certificaba no haber encontrado ninguna irregularidad en la concesión de plaza bajo investigación.
-¿Tú crees que se lo ha creído, Anita?
-¡Ni una palabra, pero es que mi marido está muy bueno y hay mucha necesitada suelta!
-¡Lo que hay que hacer por los hijos, vida mía!
-¡Ya ves, amor!
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