Su vida era una macabra carrera entre el alcohol y el trabajo, a ver cuál le mataba antes. ¡Quién lo habría supuesto hacía tan sólo unos años!
Él, José Grillo Peláez, era el nieto mayor del mismísimo Pepito Grillo, la mayor leyenda del gremio, y había decidido continuar con la tradición familiar. Para ello, ingresó en la "Escuela Superior de Conciencia para Ortópteros" que llevaba el nombre de su abuelo.
Salió el número uno de su promoción, sin discusión, sin sospechas de enchufismo. Lo llevaba en las viscosas venas.
Pero los ideales y la cabezonería juvenil lo habían perdido. Desoyendo las voces expertas y autorizadas, incluyendo la de su propio abuelo, había solicitado por destino a un político. ¡A quién se le ocurre!
Cuando le convenía, sólo entonces le escuchaba aquel mamón. Eso sí, cuando lo hacía, era a lo bestia. Sí hasta iba por ahí diciendo que su conciencia era la luz que guiaba sus pasos.
Pero, cuando tocó traicionar a amigos para escalar en el partido, cuando se terció recortar presupuestos sociales, cuando empezaron a llegar todos aquellos regalos, entonces, Pepitín se quedó afónico para lograr absolutamente nada.
Por no hablar de lo de la guerra, aquello prefería ni recordarlo...
-¡Otra, camarero!
"Señora mayor, hijito, señora mayor, que esas sí que te prestarán atención, aunque luego sigan haciendo lo que les dé la gana".
¡Qué razón tenía su abuelo! Normal, él sabía bien lo que implica ser la conciencia de un mentiroso.
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