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domingo, 21 de junio de 2009

Cuentos de Hadas que Terminan Regular: Ramirín.

Erase una vez que era, en un reino muy lejano, un gañán cazurro y bonachón llamado Ramirín.

Ramirín tenía tres gallinas, dos cabras y una chocita con huerto cerca de un pozo.

Ramirín se alimentaba de huevos, queso, hortalizas y agua (porque el pozo estaba cerca de su chocita, y no daba nada de pereza ir).

Y cuando llovía, se metía en su choza a ver llover por la ventana.

Ramirín era el más feliz del reino.

Hasta que un día llegó a aquel país un heraldo de lejanas tierras, en busca del príncipe titular del reino, pues era preciso que alguien fuera a las tierras lejanas y susodichas a matar a un dragón y rescatar a una princesa.

Pero resultaba que el rey ya se había quedado sin hijos varones, por lo que no había regio héroe en activo que ofrecer.

El heraldo, triste del chasco y del viaje en balde, iniciaba el retorno a su país cuando pasó junto a la choza de Ramirín.

-¿Qué te pasa?-preguntó Ramirín al ver aquel hombre con esa cara de pan sin mantequilla ni mermelada.

-Heraldo de lejanas tierras soy, y en busca de un príncipe vine a este reino, pero me vuelvo como vine, pero peor y más cansado.

-Yo no soy príncipe, pero supongo que soy mejor que nada.

-¿Me harías ese favor?

-Sí, hombre.

Y así termina nuestro cuento de hoy, con Ramirín disfrazado de principito de opereta, oculto detrás de una roca, con una espada en la mano temblorosa y unas terribles ganas de ir al baño. El dragón se acerca, ya huele su aliento azufrado y ardiente, y, sospecha, el dragón también le ha olido a él.

¿Quién le mandaría a él? Con lo feliz que era con sus tres gallinas, sus dos cabras y aquella chocita con huerto cerca de un pozo.

Aunque, nunca se sabe, igual tiene un mandoble de suerte...

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