Dice la leyenda que Picio, el fundador de ser más feo que, era un señor de Granadino de Alhendín que vivió en el siglo XIX. Sin saberse la razón, se vio condenado a muerte. Por fortuna, le fue concedido un indulto de última hora y, de la impresión misma, el tal Picio perdió pelo, cejas y pestañas, al tiempo que se le llenó toda la cara de unos bultos de lo más raro. Vamos, que salvó la vida a costa de la belleza (mucha o poca, que eso no consta).
La primera referencia por escrito a Picio y su fealdad la hace Pedro Antonio de Alarcón en su "Sombrero de tres picos". Y la última, aunque sea sólo por unas horillas, la encontramos en este blog servidor de usted.

¿Pez Picio?
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