Pero, más allá de los guerrilleros del Viet-Cong, auténticos vampiros de la gloria militar y cinematográfica en la victoria sobre el Títo Sam, también hubo un puñado de jóvenes con el suficiente valor como medirse a diario con la hasta entonces invicta aviación militar norteamericana: los pilotos de la Fuerza Aérea Popular de Vietnam.
Al mando de los cazas MiG proporcionados por sus aliados comunistas, los aviadores de Vietnam del Norte dieron una lección magistral de "guerrilla aérea" ante la muy superior en número aviación norteamericana. Su táctica consistía en atacar por sorpresa, efectuando una sola pasada sobre la formación enemiga y dándose a la fuga con igual celeridad. No les fue mal, puesto que las cifras oficiales de las autoridades yankees reconocen la pérdida de 90 aviones a manos de los MiGs vietnamitas. Por otra parte, esas mismas fuentes reclaman 196 victorias aéreas para sus pilotos. En otras palabras, que Estados Unidos admite que derribar dos aparatos enemigos le costaba la pérdida de uno.
En resumen que, ¿para cuándo la tan merecida película sobre esos hombres que interponían su vida entre sus compatriotas y las siempre tan canallas y absurdas bombas?

Tres de los más exitosos aviadores de Vietnam del Norte. De izquierda a derecha, Doc Soat, Ngan y Van Coc. Este último fue el piloto que más derribos obtuvo de toda la guerra, con 9. Ningún americano pasó de 5.
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