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sábado, 28 de marzo de 2009

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: Leopoldo.

Al pobre Leopoldo ya no le quedan mejillas que poner. En su vida privada, en su trabajo, en su existencia...

Y, pese a esto, parece más preocupado de los demás que de sí mismo. En aquel colegio, no se puede poner un gesto de rabio o pena, ni clavar la mirada perdida en la nada, sin que Leopoldo de inmediato te pregunte qué te pasa.

Dicen las malas lenguas que se pelea con los problemas de los demás por miedo a plantarle cara a los propios: un amor de su vida que dejó de amarle, un hijo al que ve a sorbitos de fin de semana, unos alumnos cuyos cerebros se van con la música a otra parte mientras el intenta explicar lo que es una sinfonía y, en suma, una existencia que gira en círculos concéntricos que tienden a ninguna parte.

El entrañable padre Perales dijo un día de Leopoldo que debía ser lo que Jesús tenía en mente cuando creo el cristianismo. Al enterarse, él se limitó a sonreír forzado y nervioso.

Ni ser un poquito soberbio le sale.

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