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domingo, 29 de marzo de 2009

Cuentos de Hadas que Terminan Regular: El Rey que Quería Roncar.

-¿Es que toda esa gente no tiene nada mejor que hacer un domingo por la mañana? Ir a dar un paseo al parque, coleccionar sellos...o, simplemente, quedarse durmiendo hasta tarde.

La primera de aquellas manifestaciones republicanas y dominicales ante palacio le causó cierta gracia al Rey, pero las siguientes le fueron irritando cada vez más. No le dejaban dormir con tanto grito megafonado, tanta charanga-protesta y tanto silbato.

-¡Democracia! ¡Tener que andar cada cuatro años simulando que te importan un pimiento porque si no luego no te votan! ¡Están locos! Además, ¿cómo diablos es posible que esa gente quiera decidir quién les debe gobernar, cuando ni siquiera son capaces de obrar con sabiduría a la hora de pasar una mañana de domingo? ¡Con lo bien que se está en la camita!

El Primer Ministro de aquel reino se limitaba a asentir con gesto serio, que es la misión de los primeros ministros de los reyes absolutistas, aunque sean de cuentos de hadas.

-¡Bueno, aconséjame, que para eso estás!-increpó el Rey a su segundo.

-Si lo que os molesta, mi señor, es que os despierten los domingos por la mañana, promulgad una ley que prohiba madrugar, a no ser que sea para trabajar.

-¿Puedo hace eso?

-Claro, mi señor, sois un rey absolutista, aunque sea de cuento de hadas.

La Ordenanza Real contra los Madrugones Ociosos entró en vigor ese mismo lunes, y se creo un cuerpo especial encargado de asegurar que se cumpliera a rajatabla.

La popularidad del Rey se multiplicó y el movimiento republicano resultó herido de muerte.

"¡Hay que fastidiarse lo fácil que es esta gente de contentar!", dicen que dijo el Primer Ministro con una sonrisa divertida y perpleja a partes iguales.

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