-¡Pues yo esperaba que debutara en la capital, Montaneda!
-No, es que no se suele debutar en hipódromos grandes...Lo mejor es foguearse un poco en pistas pequeñas antes de asaltar los grandes premios.
-¡Ah, claro, claro!
(-Esto es un cuchitril de mala muerte, Azarías. Pero si la grada es de madera y medio podrida, por no hablar de cómo están los cuartos de baño...)
(-Calla, calla). Bueno, Montaneda, vamos a apostar.
-De acuerdo, pero no se demore, que hay que hablar con el jockey antes de la carrera.
-¡Claro, para desearle suerte y eso!
-Si, eso.
-En fin, ahora mismo venimos.
-Muy bien.
-¿Qué tal, jefe?
-Pues ya ves, Manolín. A ver qué hacemos con el tal "Don Álvaro".
-Descuide, que la competencia también es canela fina. ¡Menuda colección de pencos!
-Sí, confiemos en que pueda entrar con el grupo.
-¡Hombre, espero que sí!
-Por ahí viene, disimula.
-¡Manolín, tigre, de calle vas a ganar, de calle!
-Se hará lo que se pueda, don Azarías.
-Las carreras siempre hay que correrlas...Y no me gusta un pelo cómo está la pista...
-Muy pesada, Don Azarías, muy pesada...
-¡Nada, nada, se gana sí o sí, que he apostado un pastón por "Don Álvaro"!
-¿No me diga?
(-Joder, jefe).
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