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sábado, 3 de julio de 2010

De Cómo Hundir a un Radical (La Teoría de la Rata de Carreras).

Soy radicalmente opuesto a los radicalismos, porque todo el mundo tiene su parcelita de razón (y los que no la tienen, siempre actúan así por una buena razón).

Es por eso que pocas cosas me divierten tanto como lanzarle a un radical su radicalismo a la cara, haciendo uso de una técnica que hará que sus propios ideales extremos se vuelvan en su contra.

Todo se basa en el principio básico de la psicología conductual del radical común (¡toma frase!): jamás consentirá que alguien sea más radical que él.

Por lo metafórico, diríamos que el radical es como una "rata de carreras": si otra rata la adelanta, correrá cada vez deprisa y con menor control de sus actos, hasta el extremo de que es posible conducirla hasta un precipicio y que se tire por él con tal de ser la primera.

Un ejemplo práctico: supongamos que un caballero se opone radicalmente a que los futbolistas lleven botas de un color que no sea el negro.

Nos presentaremos ante el susodicho y le informaremos de que, mientras los jugadores sigan con esa tontería de las botas de colorines, se va a dejar de ir al estadio. El radical, por supuesto, hará lo mismo y, además, afirmará que tampoco verá los partidos por televisión, a lo que nosotros replicaremos que no sólo dejaremos de ver los partidos de fútbol, sino que no veremos ningún otro deporte -puesto que las marcas de botas de fútbol también hacen ropa para ellos-. Don Radical replicará que él no sólo abandona las retransmisiones deportivas de televisión, sino también las de radio y hasta la prensa.

Y así podemos continuar con el juego hasta reducir a nuestro sujeto experimental a un ermitaño.

Ah, y si vemos que se nos va a rajar, sólo hay que usar las palabras mágicas: "Tú es que eres un tibio".

¡Ya verá como reanuda la carrera hacia el abismo!

"¿A quién llamas tú tibio?"

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