Esta genialidad es de un chiste de don Antonio Mingote. Naturalmente genial, viniendo de quien viene.
Eso es la Cultura, la chavalita fea del baile, con la que se baila sin ganas y con la sonrisa forzada. Con la que se baila con sentimiento de culpa, porque, en el fondo, te encantaría enamorarte de ella. Pero ni pizca de chispa, las cosas como son, y deseando que se acabe la canción.
Debe ser por eso, porque interesa tan poquito, que tan poquitos viven de la Cultura, y, los pocos que lo hacen, es porque la venden como un bien de propaganda personal o colectiva.
Es porque consiguen que esté muy mal visto en sociedad no haber leído tu libro o visto tu función.
Es porque le regalan el ego y la propaganda a los que reparten las subvenciones.
¡Pobre Cultura, traicionada a diario por la televisión, que tendría que haber sido su más poderoso aliado!
¡Pobre Cultura, que marcó y definió lo que es España, y que tiene que soportar que los presuntos paladines de la patria española sólo se preocupen del sucio dinero!
No obstante, yo sigo creyendo que el modesto sendero de la Cultura es el que lleva a la Felicidad, o, al menos, el que pasa más cerca. Los otros, las autopistas de oro, sólo dan vueltas en círculo, aunque, eso sí, están lleno de carteles que ponen "Felicidad, 100 metros". Pero es mentira, créame.

"La Bola de Cristal", aquel programa que enseño a mi generación a imaginar y pensar (que es lo mismo que decir a "ser creativo"). Eran los tiempos que la tele se podía permitir el lujo de emitir programas infantiles. Ahora, hay que intentar pillar la mayor cantidad de espectadores. Y, ya se sabe, las tetas y el morbo gustan a todas las edades por igual...
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