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viernes, 26 de agosto de 2011

La Capital de la Justicia de América (5).

Diez años después de aquella lejano noche de estreno, la paciencia y el trabajo bien hecho parecía que habían dado sus frutos: quince estados confiaban ya en ellos, rara era la semana sin una "noche especial" y una decena habían llegado hasta el final sólo en los últimos doce meses. Y el futuro era cada día más brillante: multitud de farragosos procesos de apelación estaban llegando a su fin y parecía que aquello ya no había quien lo parara. De hecho, la empresa tenía previsto llevar a cabo una ejecución semanal en cuestión de uno o dos años.

Pero lo realmente espectacular era el cambio que había experimentado el pueblo. Restaurantes, bares, tiendas de recuerdos y hasta un nuevo hotel se habían construido. Todo para satisfacer las necesidades del turismo, de los miles de visitantes que llegaban al pueblo con el deseo de conocer "La Capital de la Justicia de América". Habían conseguido ser una escala de todos los paquetes turísticos, que nadie se fuera del estado sin pisar el pueblo y comprar los recuerdos, so pena de que su estancia fuera tachada de incompleta. Ningún visitante se hacía más preguntas, no se planteaban si aquello estaba bien o mal. Se hacía y punto.

El museo también había crecido, y aquella primitiva nave se había transformado en un edificio de dos plantas, donde se podían contemplar objetos llegados de todos los rincones del mundo.

El alcalde Nichols, claro está, era inmensamente popular. Era el hombre que había traído la prosperidad al pueblo, y, ¿no es para eso para lo que están los políticos? Algunos, pocos, no se sentían muy felices con los medios empleados, para a la gran mayoría le daba igual, incluso muchos estaban orgullosos de ser "La Capital de la Justicia de América".

Pero Nichols no se conformaba, la cabeza de Nichols seguía buscando más y más, nuevos medios de aumentar el negocio.

Y había tenido una idea genial.

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