-"La Capital de la Justicia de América".
-Suena bien, ¿verdad? Es la oportunidad de atraer a este pequeño pueblo a legiones de abogados, periodistas y curiosos, y sus billeteras vendrán con ellos.
-Sí, pero, ¿usted cree que esto es realmente factible?
-La bola de nieve está en marcha y nadie puede ya pararla, alcalde Nichols. En 1981 liquidaron a un tipo en Indiana, el año siguiente Texas y Virginia se unieron a la fiesta y este año se han apuntado Alabama, Mississippi, Georgia...Cada año más y más estados están reanudando las ejecuciones y se están llevando a cabo en prisiones donde nadie tiene la más mínima experiencia en el asunto y usando maquinas viejas, obsoletas y oxidadas. ¿Sabe cuánto tiempo llevaban sin usar la cámara de gas en Mississippi? ¡veinte malditos años, y el cacharro tiene treinta! No resulta extraño que ese cabrón de Jimmy Lee Gray tardara ocho minutos en irse al otro barrio. No me malinterprete, alcalde Nichols, no es que no se lo mereciera, pero esta clase de chapuzas son usadas por toda esa panda de maricas llorones contrarios a la pena de muerte. Lo que los estados necesitan es alguien que haga el trabajo, y lo haga bien. Y ese alguien vamos a ser nosotros.
-Pero, ¿estarán de acuerdo en traer aquí sus ejecuciones, en sacarlas fuera de su territorio?
-Estarán encantados de quitarse el muerto de encima, o, mejor dicho, futuro muerto.
-¿Y no habrá problemas legales?
-No se preocupe, solucionar ese tema es asunto mío, usted limítese a cederme el edificio municipal con sus terrenos.
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