Si alguna vez para por Gracia del Río, y es usted esos que no se queda tranquilo si no se lleva lotería de todos aquellos lugares que visita, pregunte por Antolín.
Antolín es lotero a la vieja usanza, de esos que patea las calles con sus billetes cautivos por una pinza, de esos que invaden colas, terrazas y barras cantando a los cuatro vientos sus terminaciones ofertadas, de esos que garantizan premio (o casi), premio gordo (o casi).
Antolín nunca ha dado un premio que no hubiera estado meses y meses a régimen. Él se excusa diciendo que se le compra poco y que, por tanto, las probabilidades matemáticas de vender un pellizco no son muchas.
Antolín cree fervientemente en las Matemáticas y su poder. Pasa sus ratos libres haciendo cálculos y cálculos, con la esperanza de poder así engañar a la Diosa Fortuna y predecir su próximo designio.
-"¡El 323" hace seis años que no sale! ¡Y aquí lo llevo!
-¡No fastidies, Antolín, si ha estado todo ese tiempo sin salir, este sábado lo volverá a hacer!
-¡Que te digo yo que sale, que lo tengo todo calculado!
-¡Tú siempre lo tienes todo muy calculado, y luego nada!
-¡Hazme caso, que las Matemáticas nunca se equivocan!
-¡Bueno, pero como no me toque...!
Obviamente, el "323" no salió y, por no perder la entrañable costumbre, allá que se fueron a pedirle cuentas a Antolín.
Él, fiel también a su costumbre, dio la excusa por la que siempre será recordado en Gracia del Río.
-Sí es que al redondear no calculé bien la desviación...Y de todos, modos, con lo poco que me compráis, bastante que doy algún reintegro de vez en cuando.
La Diosa Fortuna, que siempre se la acaba jugando al pobre Antolín.
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