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viernes, 1 de mayo de 2009

La Educación: Eso que Nos Enseña un Montón de Cosas que Poder Olvidar.

Los conocimientos adquiridos en la escuela son unos seres vivos singulares, pues -en lugar de nacer, crecer, reproducirse y morir-, se estudian, se aprenden, se examinan y se olvidan.

En la mayoría de los casos, este ciclo vital apenas dura semanas o días (¡u horas!), dependiendo del tiempo que el profesor de turno conceda para preparar el control. Sí, lo ideal (para muchos) es trabajar lo justo para tener la sabiduría tendida un rato al nublado sol de su intelecto, cogidita con pinzas. Lo estricto para salir del paso del examen, para rellenar el formulario y que la declaración de sapiencia nos dé el mágico cinco (o un cuatro y... de donde poder pelear un aprobado). Y esto, los que prefieren no coger el atajo de los tramposos.

Y no hay nada que se pueda hacer, es un proceso puramente natural. Todo aquello que ni encontró piso en nuestro cerebro de puro práctico que es, ni halló morada en nuestro corazón por regalarnos un sentimiento, simplemente se nos escurre de la mollera y se olvida, para siempre.

Los malabarismos con polinomios, la fórmula de la aceleración o la alquímica maquinaria de los Logaritmos Neperianos...cosas que un día supe y que ya he dejado saber (porque nunca me supieron a nada más que imposición).

¡Qué lástima! ¡Qué rabia! ¡Qué manera de perder tiempo y esfuerzo! ¡Qué manera de ganar en ignorancia!

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