Por lo demás, Solchés era tropa. Ni bueno ni malo, sino todo lo contrario. El enésimo corazón cobarde de letras que termina desperdiciando su talento y aplastando su alma de poeta con teoremas y fórmulas. Todo en aras de eso llamado "labranza de porvenir", y tras oportuna indicación de padres, profesores y orientador.
"Si te metes a Letras te vas a morir de hambre, Francisco", le había dicho don Lorenzo, su tutor.
"Y si me meto a Ciencias, me voy a morir de aburrimiento y de asco", eso es lo que pensó en decir, pero se calló.
Ya quedó dicho que Paquito Solchés era cobarde o, mejor dicho, prudente (que son los cobardes con un poquito de inteligencia).
Esa misma tarde, redactó un poema titulado "Si las cosas que de verdad importan no pueden contar, ¿para qué aprender a sumar?" Era su primera creación no de risa.
Con el máximo mimo, y entre lágrimas, la guardó entre las páginas 18 y 19 de su manual de Álgebra.
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