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martes, 28 de abril de 2009

A Vueltas con la Honradez (¡Y a Mucha Honra!)

No me gusta la frase ("y a mucha honra") por mucho que la haya encajado en el título del post (y por mucho que yo mismo use y abuse de ella). Me parece como una enrabiada fórmula para intentar conjurar un complejo de inferioridad. Ya sabe: "Soy de -ponga usted el nombre de la ciudad o pueblo-, ¡y a mucha honra!", pero queda la sensación de que (en el fondo )uno habría preferido nacer en Londres o Nueva York. No sé, seguramente es tan sólo una sensación de las mías. Pero me reconocerá que nadie jamás dijo: "Soy Premio Nobel de Literatura, ¡y a mucha honra!"

Me interesa más la honradez que la honra (esto último suena mucho a virgo pueblerino). Pero, en especial, me interesa lo de ser honrado. Que es de las cosas más bonitas que uno puede ser o le puede llamar en este mundo.

No me importa (demasiado) no parecerle a usted demasiado guapo, listo o eficiente en mi profesión. Pero si no le parezco honrado, la cosa me preocupa.

Sí, ser honrado es una expresión pura de belleza humana. Y, como todas ellas, esta mal pagada y peor reconocida. Lástima que tantos actos que merecen un "¡qué honrado eres¡" reciban por contra un "¡tú eres gilipollas!"

Paradojas para hoy:

-La personas honradas rara vez son honradas por los demás.

-En múltiples ocasiones, la persona que nos honra con su presencia resulta ser poco honrada (o autora de actos poco honrosos).

Afirmaciones ambas gramaticalmente absurdas, pero socialmente indiscutibles.

Luis Roldán, ex-director de la Guardia Civil, que -de seguro- en tiempos "honraba mucho con su presencia" en actos varios. Eso fue antes de que saliera todo aquello de la malversación, el cohecho, el fraude fiscal y la estafa.

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