Lo peor, lo más repugnate, no es tanto el ventajismo en la mofa, sino que la verdadera diversión está en que la víctima, con la puya bien metida, se revuelva e intente (inútilmente) defenderse. Eso es lo que más gracia les hace.
Pues no sé a usted, pero a mí estos comportamientos me parecen propios de malparidos de la peor especie. Y es que sólo el cerebro de un canalla es capar de sintetizar placer a partir del dolor ajeno.
No obstante, el San Martín de estos cerdos también llega -sólo es cuestión de esperar-, y cuando los veamos hundidos, firmándole a la vida un tratado de rendición, empuñemos nuestro corazón contra ellos y no nuestro rencor.
Será el momento de darles un lección de humanidad, que, como ellos mismos nos han demostrado, es una asignatura que todavía tienen pendiente. Y con un cero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario