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jueves, 30 de abril de 2009

No Pique, Caballero.

España es un país mucho más de picadores que de toreros. Pocos son los que dicen aquello de "dejadme solo" y se miden en singular combate. En cambio, hay millones de sujetos que acorralan al desvalido de turno y obtienen un morboso placer de burlarse de él en grupo.

Lo peor, lo más repugnate, no es tanto el ventajismo en la mofa, sino que la verdadera diversión está en que la víctima, con la puya bien metida, se revuelva e intente (inútilmente) defenderse. Eso es lo que más gracia les hace.

Pues no sé a usted, pero a mí estos comportamientos me parecen propios de malparidos de la peor especie. Y es que sólo el cerebro de un canalla es capar de sintetizar placer a partir del dolor ajeno.

No obstante, el San Martín de estos cerdos también llega -sólo es cuestión de esperar-, y cuando los veamos hundidos, firmándole a la vida un tratado de rendición, empuñemos nuestro corazón contra ellos y no nuestro rencor.

Será el momento de darles un lección de humanidad, que, como ellos mismos nos han demostrado, es una asignatura que todavía tienen pendiente. Y con un cero.

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