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martes, 14 de abril de 2009

Me Ocuparé en su Momento (O sea, en el Último Momento).

Hoy hace 20 años que leí "El Principito", más o menos. Es fácil acordarse, puesto que la lectura y pertinente comentario de texto con opinión personal de dicho libro fueron mis deberes de Lengua para la vacaciones de Semana Santa de 1989 (cuando me peleaba con el extinto 1º de BUP). Obviamente, lo había dejado para el Lunes de Pascua, fecha que rebautizaría como "Lunes de Deberes".

En España tenemos una curiosa y llamativa cultura del "palizón de último hora". Da igual que te den seis meses de plazo para hacer cualquier tarea, se dejará siempre para el final.

Es un comportamiento que se nos empieza a inculcar desde bien pequeños. ¿Por qué los Reyes Magos, teniendo como tienen todo un año para repartir regalos, lo dejan todo para la última noche? Supongo que por la misma razón que los centros comerciales están más repletos de clientes y cierran más tarde ese mismo día. El caso es que el niño asimila esa patrón de comportamiento y hace lo mismo con su trabajo de plástica, luego con sus exámenes de trigonometría y, con el tiempo, con el informe de crecimiento trimestral.

Es una pena lo que nos cuesta planificarnos o, mejor dicho, cumplir con una planificación. Nos iría todo mucho mejor. Pero supongo que el concepto de "Mañana" está tan firmemente enraizado en nuestra sociedad, que resulta imposible arrancarlo. Al menos, de cuajo.

O igual es que somos tan taurinos que no nos asusta eso de que "nos pille el toro".

"Mamá, prepara café...Mucho café", la fatídica frase.

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