"No quiero que me presenten a nadie más. Ya conozco a demasiada gente". Algo así dijo en cierta ocasión Luis Aragonés. Esa vez, el "Sabio de Hortaleza" hizo honor a la primera parte de su apodo (en otras, sólo a la segunda).
¿Se ha parado a pensar el número de presentaciones que ha protagonizado durante su existencia? ¿A cuántas de esas personas ha vuelto a ver?
Sin ir más lejos, las bodas. En el convite medio, a uno le presentan a un buen puñado de particulares (entre parientes del otro bando y recién llegados al propio). Con la práctica totalidad, no volverá a coincidir.
O, también en típico ejemplo, cuando uno se tropieza con un conocido (acompañado) por la calle. "Hola, mira, te presento, este es Miguel, trabaja en mi oficina".
"Hola, Miguel, encantado" (lástima que no vayamos a volver a vernos las caras jamás)
Aunque, por otra parte, también es cierto que conocer a dos o tres personas especiales pasa, necesariamente, por toparse con cientos y cientos de seres que nos parecen "de menú".
Así que no piense en tanta presentación de usar y tirar como en una pérdida de tiempo, sino como uno de los tributos que hay que pagarle a la amistad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario