miércoles 29 de abril de 2009

Escaleras de Color (Subir Peldaños No Hace Daño).

Para la mayoría de los mortales, la escalera es ese sitio donde ir acordándose de la familia del ascensor por no funcionar. Por contra, para mí la escalera es el modo más natural de subir o bajar, y no puedo evitar sentirme culpable de un delito de vagancia en primer grado con premeditación, pereza y galbana (pero, obviamente, sin escalo) cuando pillo el ascensor.

Sé que hay muchos que no lo comprenden, que me miran sorprendidos cuando paso de largo con desdén por la metálica puerta e inicio feroz la conquista del quinto piso. Ha habido, de hecho, hasta alumnos que, alarmados, me han interrogado sobre el particular.

Les habría dicho que subir por las escaleras es un ejercicio del más puro Romanticismo. Es tomar partido por el débil frente a la dictadura del poderoso. Que es negarse a ser conducido y apostar por llegar a los sitios por el propio pie.

O que también es una manera de evitar conversaciones absurdas, de tener que esperar hasta que el del quinto saque toda la compra y de no sudar la gota fría cada vez que el cacharro hace un ruido acrujillado y exótico.

Pero, para no complicar ni mi ni su existencia, me limito a decirles que me gusta hacer ejercicio.

Así pues, ¡sea rebelde por un día y coja las escaleras!