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miércoles, 22 de abril de 2009

¡Deprisa, deprisa, que Llegamos Tarde a Ninguna Parte! (Con la Niñez Pendiente).

Mary Shelley fue una visionaria del mundo de la educación, aunque ignoro si ella alguna vez lo supo. Sí, uno ve el mito de Frankenstein con otros ojos después de darse un paseo a los pasillos de cualquier instituto. Gigantes gobernados por el cerebro de niños ("modernos modernos Prometeos"), eso te encontrarás. Tiarrones de casi dos metros correteando por entre las mesas y tirándose tizas.

Víctimas de las condenadas prisas, herederos de una sociedad ansiosa que venera la precocidad como a un auténtico dios (Campeón de Y con sólo X años). Es por esto que hay que presentarse a los exámenes de las borracheras y los besos lo antes posible, aunque aún no se tenga aprobada la niñez.

Y esto es lo que hay: seres mixtos, en cuyo interior habitan un niño que quiere reír y jugar, y un adulto que ansía placeres prohibido y peligrosos. Ambas criaturas, en lucha constante por satisfacer sus necesidades y caprichos, y controlando a un pobre adolescente confundido en su seguridad y asustado en su arrogancia.

Quizás las cosas cambiarían si los chavales tuvieran el tiempo suficiente para rematar su niñez y poder iniciar la larga travesía de la adolescencia sin asignaturas vitales pendientes. Ahora, no es así.

El peligro es que jamás se apruebe esa niñez perdida, y su bien conocida consecuencia son esos oficinistas que se fotocopian el culo para ponerlo en el corcho del despacho.

¡Que Dios nos coja bien confesados!

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