-¡Hola, soy tu nueva amiga, la Paloma!
-¡Habría preferido una persona!
Enfadada por una respuesta tan grosero, la Paloma levantó el vuelo y se marchó antes de que el Farero pudiera pedirle perdón. Él intentó reclamarle a su Hada Madrina, pero ésta estaba también muy ofendida e hizo oídos sordos a las quejas y las súplicas.
Desde ese día, el Farero se pregunta qué habrá sido de su amiga la Paloma. ¿Estará manchando estatuas de plaza en plaza? ¿Se habrá colocado de ayudante con algún mago de esos que viajan por provincias con los circos? ¡Ojalá lo supiera!
El Farero todavía tiene fe en que su amiga la Paloma volverá algún día. Porque los amigos de verdad, por mucho que se vayan, nunca se van del todo.
El Farero no está triste, porque lo que le hacía estarlo era no tener amigos; está nostálgico, porque echa de menos a su única amiga
La Paloma.
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