-Justifica las travesuras o desmanes (según la edad del sujeto), como una suerte de maldición familiar hereditaria y, en especial, inofensiva. Después de todo, al señor no le ha ido tan mal en la vida.
-Demuestra ese cierto orgullo de que mi hijo es como yo (aquí llegamos a otra frase clave: "tiene a quien salir"): un líder admirado por sus amigos, deseado por las chicas y temido por sus enemigos. Lamentablemente, en este momento, la parte antagónica somos los profesores.
En resumen, que hay por ahí algún que otro papá (pocos, poquitos) al que le hace mucha gracia que su nene esté aprendiendo a ser un chulo egoísta e indeseable, estudios que él mismo cursó hasta alcanzar el doctorado "cabronis causa" que ahora ostenta.
(Y no es que yo juzgue a la gente, que lo de "chulo egoísta e indeseable" no lo digo yo, lo afirma rotunda la madre entre lágrimas en entrevista aparte).

"Le he echado unas gotillas de orujo en la leche pa' que se vaya haciendo un hombre".
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