Buscar en Mundo Jackson

viernes, 26 de septiembre de 2008

Cuentos de Hadas que Terminan Regular: El Bocadillo del Hijo del Carpintero.

El Carpintero tenía cosas que hacer aquella tarde, así que le pidió a su amigo el Pescadero que cuidara de su hijo y le diera un bocadillo de jamón serrano sobre las cinco. "No te preocupes, macho, que me lo apuntó aquí y no se me olvida". Y el Carpintero se marchó con la tranquilidad puesta.

El Carpintero pasó a recoger a su hijo al poco de dar las ocho. Se lo encontró frente a la pescadería, sentado en el bordillo de la acera. Volcaba todo su aburrido interés en un grupito de hombres que discutían a voz en grito al final de la calle. Su padre se sentó a su lado y le pasó la mano por los hombros.

-¿Te ha gustado el bocata?

-¿Qué bocata? ¡No he visto ni una miserable miga de pan!

-¿Cómo? ¡No es posible que se haya olvidado ese zoquete, si hasta lo anotó!

-No, si olvidarse, no se ha olvidado. ¿De qué crees que discute toda esa gente de ahí? ¡De mi dichosa merienda! Primero, el Pescadero llamó por teléfono para que le trajeran pan y jamón. Al rato, se presentó el recadero de la panadería, quien dijo que como te quieren tanto, habían horneado una hogaza especial para mí. Pero el Pescadero dijo que nadie te quiere más que él y que, además, ese pan no era adecuada para bocadillo. El otro se sintió ofendido, y se salieron a la calle a discutir. En esto, llegó el chico de la carnicería. Dejó el paquete del jamón sobre la barra de pan y se marchó. Sin duda atraído por la bronca y aroma del jamón, apareció el Pastor y también él terció en la discusión, afirmando que no se podía hacer una interpretación literal de tus palabras y que, en realidad, lo que querías decir es que había que darle a él el bocadillo. El Pescadero respondió que eso era una tontería, y ahí siguen los tres, sin ser capaces de ponerse de acuerdo para darme de merendar.

-Ya, bueno, no te preocupes, hijo mío. Déjales y vámonos tú y yo a cenar a casa, que está visto que hay gente que no entiende ni las órdenes más sencillas.

No hay comentarios: